Un recorrido por nuestra historia y abuelos

Cuenta la historia, voz a voz, que el área que hoy ocupa la estación de policía, la cancha de fútbol y el centro de salud era el último rincón de la Hacienda Cañasgordas. Hace muchos años, cuando subsistía aún la esclavitud (la hacienda data del siglo XVIII), este sector era un sitio de castigo; algunos esclavos perecían y quedaban medio enterrados junto a otros fallecidos por enfermedad u otras causas. Entretanto, los buitres aprovechaban y hacían su labor. Es desde aquella época que al lugar se lo conocía como “La Buitrera”: ¿Habrán también laborado juiciosas en las Buitreras de Palmira y Yumbo las mismas aves rapaces carroñeras? ¿O será pura fantasía?

La llegada –muchos años después– de los primeros pobladores al emplazamiento que hoy se denomina “Sector El Plan” o “Cabecera”, permitió el tendido de la primera carretera. Y con ella cobró auge el carbón mineral, lo que precipitó la construcción del polvorín del ejército; ya para mediados del siglo 20 el corregimiento empezó a tomar forma.

De las familias pioneras se recuerdan a los Figueroa Garcés, Terranova, Franco, y Arrunátegui. Independientemente, pero en paralelo, se fue poblando la vereda El Rosario, a causa del auge del carbón que era transportado por la hoy vereda Buenos Aires y de allí por La Fonda hasta la Plaza de Toros.

Las minas de carbón, originalmente ubicadas en la vereda El Rosario, se fueron extendiendo hacia abajo en dirección a lo que hoy se conoce como vereda San Antonio, así como hacia el río Meléndez, adonde llegó la compañía Anchicayá, que asumió las prestaciones, subsidios familiares y caja de compensación de sus empleados.

Con la creación de las minas de San Antonio y Anchicayá, la carretera fue bajando hasta unirse con El Plan y salir a la Calle Quinta. Cuentan que al principio el agua llegaba a los hogares por canales de guadua y la ropa era lavada en los ríos hasta que, 50 años atrás, tuvo lugar la construcción del acueducto; destacándose Don Rodrigo Gutiérrez como uno de sus gestores. Simultáneamente, se tendió la red eléctrica y se organizó la primera junta de acción comunal.

Hacen parte de la segunda generación de familias, instaladas en El Plan, los Botache, los Cabal, un tal señor Poveda, famoso éste por su gran fuerza física; la familia Carmona (de la famosa casa de madera o “casetabla”); los hermanos Gallón, primeros dueños de El Portento; las familias Bernal, Tenorio/Medina, Marmolejo, Oliveiros, González, Carabalí, Atehortua y Llanos. Ya para entonces se había erigido la escuela José María García de Toledo y estaba en funcionamiento el centro de salud y el destacamento policial.

Hacia arriba, a la altura de la escuela Nuestra Señora de Las Lajas, estaban asentadas las familias Cepeda, Álvarez, Duque, Barragán, Palomino Duque, Moncayo Vargas, Tabares, Castañeda, Don Abelardo Gutiérrez, Astolfo Moreno. Y más arriba aún, hacia El Crucero, habitaban las familias Toro Velásquez, Ibarra y Canoa Arias. La vereda Pueblo Nuevo o El Crucero se pobló hacia el año 1973. En los asentamientos de Las Palmas y Girasoles, que crecieron vertiginosamente años más tarde, se ubicaron las familias Velazco y Ortiz Solarte, quienes, junto a la familia Torres son los más antiguos del sector.

No sobreviven en la actualidad abuelos y abuelas, íconos de la ruralidad Buitrereña, tales como doña Tulia de Ortiz, Matilde Botache, Cecilia Cepeda, Esther de Moncayo, Rosa de Castro, Cornelia de Arévalo, Orlanda, Don Pacho mono o Don Joaquín Gutiérrez.

Sabrán disculpar las falencias y olvidos de este relato, la idea era compartir algo de la historia de los habitantes de la Buitrera, que lleva oficialmente 76 años, si bien quedan todavía casas de bahareque de mayor antigüedad.

En próximas ediciones se contará un poco más de este territorio del cual soy yo una de sus habitantes, en particular personajes destacados, historia del comercio y evolución del transporte.

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