Rompiendo la burbuja

Mi vida en La Buitrera empezó a mis siete años cuando me vine de la ciudad de Cúcuta en el año 2012 a Cali. Mis padres buscaban un lugar lleno de naturaleza y La Buitrera lo cumplía todo. Llegué a una casa cerca del río Meléndez. Allí disfrutaba del sonido del río y de vivir rodeado de pura naturaleza, cosa que era novedosa para mí, ya que antes había vivido en un barrio de ciudad con vecinos escandalosos y el ruido de los carros.  Subía montañas, montaba a caballo y arriaba las vacas con don Abundio. No obstante, mi colegio y las actividades extracurriculares estaban en la ciudad.
En el año 2014 nos mudamos a otra casa por el km3, también rodeada de naturaleza.  Hubo un tiempo en el que asistí a la parroquia San Andrés Apóstol pero solamente hice mi primera comunión y después dejé de ir porque había empezado actividades en una academia de salsa en Cali y se me cruzaba con la iglesia. Hasta allí fue mi segundo contacto con la comunidad. Me dediqué a fondo al deporte en la ciudad de Cali (tenis) y al pasar el tiempo, me di cuenta que para lo único que venía a la Buitrera era para ir a dormir, por ende ya no tenía contacto con la comunidad. En sentido figurativo, me vi envuelto en una burbuja en donde no me permitía conocer realmente mi entorno.
La oportunidad real en la que tuve el privilegio de conocer la comunidad y el territorio fue cuando tuve que realizar mi labor social para el colegio a finales del 2021. Hice contacto con el periódico local, la Casa del Guatín, el cual me propuso hacer un reportaje y un artículo sobre las diferentes actividades deportivas organizadas para la juventud de La Buitrera. Para ello, tuve que contactar personas de la comunidad que coordinan estas actividades. La experiencia de este trabajo social fue muy valiosa y gratificante y aprendí que conocer y aprender de la comunidad en la que vivo es sumamente importante; me permitió recorrer lugares que no tenía ni la menor idea que existían y ver la calidad de personas que viven en este corregimiento, gente muy buena que se preocupa por su comunidad y que siempre quiere ofrecer algo.
Existen aspectos que en la ciudad son mejores como la conectividad y la estabilidad de algunos servicios públicos, pero para mí nunca se podrá comparar con el silencio que se siente al vivir aquí, la naturaleza, el aire puro y el clima. Es sensacional levantarse cada día y ver vegetación; además darme cuenta de la calidad, sencillez y amabilidad de los habitantes que por tantos años no había ni conocido ni mirado.
Esta experiencia me permitió romper esa burbuja y me ayudó a valorar mi entorno, más aún en los tiempos de pandemia y de estallido social al que estuvimos expuestos.

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