Una preocupante situación se ha empezado a ver en dos caídas de agua de gran belleza de nuestro río Lili. Se trata del charco y cascada llamada por la comunidad de la Buitrera como «LILÍ 3», un bellísimo salto de agua limpia con una taza de piedra, que conforma un charco regularmente visitado por caminantes y jóvenes de nuestro corregimiento.

Esta cascada, que ha permanecido intocada por su relativo aislamiento, ahora pretende ser ocupada por una familia de antiguos mineros que trabajaron aquí hace más de 30 años y que han visto las posibilidades económicas del sitio para loteo y construcción de vivienda.

Aprovecharon un domingo (29 agosto) para construir apresuradamente un cambuche con materiales reciclados y lo hicieron en solo 3 horas.

La otra es la cascada turística del alto del Rosario, que fue invadida hace unos 12 años cuando su “poseedor” falleció y se iniciaron loteos y construcciones que fueron detenidas y numeradas por la CVC y el corregidor.
Ahora una familia pretende dividir y lotear una parcela, y construir un puente para facilitar el acceso.

En los dos casos, las personas que amenazan las cascadas con loteo solo poseen títulos de posesión.

Para «Lilí 3», los invasores tuvieron una posesión hace más de 20 años que fue abandonada y por lo tanto prescribió. Esta posesión anterior generó la destrucción propia de la actividad minera. ¿Quién paga por ella?

Afortunadamente, un grupo de personas preocupadas por el deterioro ambiental ha estado haciéndole seguimiento y requiriendo la intervención de las autoridades.

Es de anotar que en la figura de la corregidora recae la mayor responsabilidad al ser la máxima autoridad civil y policiva del corregimiento, pues las entidades ambientales solo colocan comparendos y acompañan estos procesos.

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