La era de la anestesia emocional

En la era de la tecnología y las redes sociales, nos encontramos constantemente conectados a través de nuestros dispositivos, compartiendo nuestras vidas y emociones con el mundo entero. Las redes sociales nos ofrecen una forma rápida y sencilla de comunicarnos con los demás, de estar al tanto de lo que sucede en la vida de nuestros amigos y familiares, e incluso de hacer nuevas amistades.  Cuando surgieron en nuestra sociedad pensamos que facilitaría lo que más nos hace felices: tener relaciones significativas con los demás.

Pero muchas veces, nos encontramos navegando por nuestras redes sociales de forma automática, sin prestar atención a nuestro alrededor o las personas que están con nosotros. Estamos tan acostumbrados a estar conectados digitalmente que nos hemos convertido en robots, sin ser conscientes de cómo nos afecta pasar tanto tiempo en el mundo virtual, o del impacto en quienes nos quieren y rodean. Muchos ya caminamos por los senderos de La Buitrera con nuestra mirada atada al celular. Parece que 

estamos más conectados que nunca, pero a la vez más distantes de las personas que nos rodean. 

Se nos van las horas valiosas de cada día y con ellas la posibilidad de gozar el tiempo presente.

Así, por causa de la manipulación tecnológica que persigue nuestra atención, vivimos en un estado de actividad constante, siempre pendientes de las notificaciones que llegan a nuestros dispositivos, de los likes y comentarios en nuestras publicaciones, de las historias de nuestros amigos y de lo que sucede en las vidas de los demás. Casi sin darnos cuenta nos hemos vuelto adictos a la validación externa, buscando constantemente la aprobación y el reconocimiento de los demás a través de las redes sociales.

Pero, ¿a qué costo? Al estar tan enfocados en nuestras pantallas, nos estamos perdiendo de disfrutar de las relaciones cara a cara, de compartir momentos reales con las personas que queremos, de conectar de forma genuina con los demás.

Esta constante exposición a la tecnología y a las redes sociales viene teniendo efectos negativos, ya registrados por la ciencia, en nuestra salud mental y en nuestras relaciones con parientes, amigos y pareja. Hemos caído en un estado de anestesia emocional y de distancia con las personas que realmente nos importan. El hábito moderno de compararnos en las redes sociales está produciendo resultados catastróficos en la autoestima de todos.

Es urgente encontrar un equilibrio entre nuestra vida digital y nuestra vida real, ser conscientes de la cantidad de tiempo que pasamos en las redes sociales y de cómo esto nos está afectando a nivel emocional y social. Las redes sociales son una herramienta poderosa que nos permite estar conectados de formas que antes eran impensables, pero no debemos permitir que nos controlen y nos alejen de lo que realmente importa.

La verdadera conexión se da en el mundo real, en las interacciones cara a cara, en el contacto humano.

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