Doña Ana Tulia Solarte de Ortiz tiene 92 años. Vive arriba del Portento, frente a “La Fortaleza”. Se casó con don Marco Tulio Ortiz quien falleció a los 55 años de edad por enfermedad a causa de trabajar en las minas de carbón. Provenían de Timba (Cauca). Don Tulio vino a las minas de Cementos del Valle, a principios de la década del 60 y luego se trajo a toda su familia; sus últimos hijos nacieron en La Buitrera. Los mineros, además del casino, tenían un campamento con habitaciones compartidas para los que no vivían aquí, que eran la mayoría, contaban con asistencia médica, caja de compensación y subsidio familiar.
La familia Ortiz Solarte vivió primero cerca de la inspección de policía que ya existía, tal como también la capilla aledaña, construida en esterilla. Solamente unas pocas familias habitaban el sector de el Plan. En esta misma capilla, doña Tulia y don Tulio se casaron, después pasarían a vivir donde hoy es el colegio Diana Oesse.
En ese tiempo, por la carretera solo transitaban las volquetas que llevaban el carbón y la población iba y venía, por lo general a pie, entrando por el “vagón” al lado del Río hasta salir al barrio Meléndez dónde había caserío y bailaderos. Cuenta doña Ana Tulia, que la familia Arce se encargaba de la capilla, hacían alborada el 3 de mayo y en la noche viacrucis hasta su casa Veracruz, rezando mil veces Jesús, y que eran procesiones muy bonitas. Y en sus recuerdos aparecen las imágenes de cuando subieron a cuidar una casa enseguida de dónde hoy viven y que le compraron a una señora Flor que trabajaba en Arroz Blanquita. “Éramos pocos”, narra: para entonces en el sector solo vivía don Liborio Torres, la familia Lasso, luego don Armando Barragán y familia que venían de Fátima. Se bailaba y departía en la Caseta y luego también en el Portento.
Doña Tulia trabajo con la familia Garcés, propietarios de todos estos terrenos y solo había una casa donde hoy es el sector la Riverita. Lo que hoy conocemos como Las Palmas, eran ejidos, posesión de un señor Pedro Agallas, quién también tenía otros terrenos y como este estaba desocupado fue invadido hace unos 40 años. Doña Tulia tuvo 10 hijos: cinco hombres y cinco mujeres. En la actualidad hay 9 vivos. Entre nietos, bisnietos y tataranietos cuenta con una descendencia de 68 más que menos.
A través del tiempo la casa de doña Tulia se volvió la casa de todos; siempre acoge amigos visitantes, convirtiéndose para varias generaciones, en punto de encuentro y bienvenida.